Una crónica de Mery Espinosa

Cuando parecía que no podía hacer más calor por las calles de Madrid el sábado 4 de julio, llegó la hora de visitar el Teatro Egaleo de Leganés cuando todavía achicharraba el sol.

A las 19:30h la cola de asistentes daba la vuelta al edificio, muchos abanicos y ganas tremendas de entrar a coger un buen sitio para disfrutar de los conciertos.

En principio pensé (inocente de mí) que los conciertos comenzarían a las 20:00h para acabar antes de la medianoche, pero cuando viví de cerca la duración del primer grupo, tuve que replanteármelo.

Ellos eran Nadye, un grupo de Madrid Sur que pese a ser 4, llenaron el escenario entero.

Y cuando digo entero, es entero. Era difícil verlos quietos, entre saltos, carreras ycambios de posiciones. Su duración de aproximadamente una hora y media no le dio descanso al público para prestar atención a otra cosa.

Presentaban “El último minuto en la tierra” (y si lo hubiera sido, me habría ido la mar de agusto tras ese subidón musical de adrenalina).

Dejaron boquiabiertos al público madrileño con sus solos, sus versiones y sus temas tanto nuevos como de su viejo repertorio. Estos rockeros levantaron mucho interés y cerraron su bolo dejando un nivel muy alto en el escenario, sin duda difícil de superar.

NADYE

 

Pese a que ya oscurecía, el calor seguía siendo extremo. Jamás he agradecido tanto una cerveza fría, que no dejaban de venderse en la barra del teatro. Sin embargo nada frenaba las ganas del público de ver las dos bandas que aún quedaban por tocar.

Los siguientes fueron Lagarto Amarillo, Pablo Mora encabezaba la banda y tal vez fue el momento más nostálgico de la noche.

A finales de junio tuvimos la triste noticia del fallecimiento de José Mora, hermano y guitarrista, tras luchar 3 años contra una grave enfermedad.

Patricia, la tercera hermana que fundó este grupo, tampoco estaba presente (se rumoreaba que desde el fallecimiento de su hermano no asistía a los conciertos), sin embargo Pablo tuvo la templanza de hacer un concierto “incondicional”, como declaraban sus numerosos fans.

Por supuesto, su última canción fue una dedicación especial a José cerrando un concierto tierno a la vez que cañero.

LAGARTO AMARILLO

 

Entre aplausos se hizo otro parón, más cerveza y algo más de aire al caer la noche. Ya eran cerca de las 11 y media, pero esto continuaba. Por salir quedaba aún Funambulista, Diego Cantero no podía irse sin regalarle a sus fans sus mejores temas y su mejor sonrisa.

­Es increíble cómo cambia la vida, de escribir pensando que estaba completamente solo a ver cómo cientos de personas cantan mis canciones… Gracias”­ Decía emocionado.

Pese a llevar tantos años en la música, Diego seguía igual de humilde que la primera vez que pisó un escenario.

Se lo pasó como un niño chico, y tocó canciones de sus antiguos trabajos y de este último disco Quédate, aunque echamos de menos uno de los temas más lentos del álbum, “tiemblo”, título que el público coreaba entre canción y canción.

Sin embargo sus temas que grabó con Andrés Suarez y Marwan (este último tristemente no se incluyó en el disco) sonaron bien alto, como Quédate, como un idiota, bendita mi suerte, el tango que me parió, hecho con tus sueños y otras muchas más.

Dieron las tantas de la madrugada enganchado a su guitarra, con momentos conmovedores como la capela de “Sólo Luz” sin micrófono a pocos centímetros del público. Se despidió deseando volver, y el público se fue deseando repetir.

Una tarde­noche cargada de música y buenos ratos para todas las edades, contra todos los pronósticos meteorológicos y a favor de la buena música en directo.

FUNAMBULISTA

 

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