Es una de las prendas del verano por excelencia. Hoy en día, para las mujeres de todo el mundo sería muy difícil concebir el verano sin un bikini en lo alto.

Estos bañadores de dos piezas, creados por el francés Louis Reard en 1946, se han convertido en una prenda universal. Mujeres de todas las edades y culturas lo llevan por su comodidad, por su estética y porque expone más piel al sol que los trajes de baño.

Pese a que Reard, que era ingeniero de automóviles, los popularizó nada más acabar la II Guerra Mundial, los bikinis tienen precedentes en la antigüedad. Existen mosaicos romanos hallados en Sicilia del 50 A.C en el que se pueden ver a mujeres ataviadas con él.

“I woke up like this”

El invento de Reard tuvo un éxito mayúsculo desde el minuto 1. Pero…¿de dónde viene ese nombre tan divertido para referirnos al bañador? El 1 de julio de 1946, EE.UU se encontraba haciendo pruebas nucleares en el atolón Bikini, conjunto de islotes pertenecientes a las Islas Marshall, en el Océano Pacífico.

Los estadounidenses desalojaron a 4000 nativos y detonaron la bomba Able, que fue el cuarto artefacto nuclear en estallar de la historia y el primero tras las bombas de Hiroshima y Nagasaki (1945).

4 días después de esas explosiones, la bailarina Micheline Bernardini lucía un bikini por primera vez ante el público en un desfile -Reard recurrió a una bailarina porque las modelos se negaban a ponérselo-. Fue la propia Bernardini quien le dijo al modisto que ese bañador “iba a ser más explosivo que la bomba de Bikini”.
Micheline Bernardini modelando el primer bikini

Bernardini luciendo el primer bikini de la historia. Foto: Getty Images

A partir de ahí se popularizó el término, gracias en parte al nombre fácil de recordar que tenía. Una década después, la icónica Brigitte Bardot popularizó globalmente el uso de esta prenda en la película “Y Dios creó a la mujer” (1957), y posteriormente celebridades como Marilyn Monroe o Jane Fonda se sumaron a la iniciativa.

Brigitte Bardot en 1961

Brigitte Bardot luciendo su bikini en St. Tropez. Foto: Getty Images. Espera, ¿¿¿ESO ES UN MÓVIL???

En España, el bikini llegó con la apertura hacia el turismo internacional en los años 60. En época de dictadura, las extranjeras que los lucían en las playas llamaban bastante la atención. Tanto que en Santander esta prenda de baño dio nombre a “La Playa de los Bikinis”, que a día de hoy conserva este nombre.

En algunas de las localidades más turísticas de la época, como Benidorm, Marbella o Santander, los ediles legalizaron (o lo intentaron) esta prenda antes que nadie.

En 1952, el entonces alcalde de Benidorm, Pedro Zaragoza, legalizó el uso de esta prenda en todo el municipio, lo que casi le cuesta la excomunión. En Marbella, fue el cura Rodrigo Bocanegra quien promovió la legalización de una prenda común entre las visitantes suecas a la localidad.

Todo un acto de valentía el de estas personas adelantadas a su tiempo. Tengamos en cuenta que no fue hasta 1965 y esta portada de Rachel Welch en la revista Life  cuando el bikini se terminó de normalizar.

 

Ya en tiempos de democracia, la prenda se extendió por toda España. Hoy, el bikini sigue estando vetado en algunas zonas del mundo, como en el parque acuático de Pyongyang o en muchos países gobernados por islamistas radicales.

Por su parte, el atolón Bikini quedó impregnado de residuos radioactivos durante décadas. Los nativos de la isla, la cual es Patrimonio de la Humanidad, tuvieron que emigrar permanentemente a las vecinas Islas Kili.

Las pruebas nucleares y de bombas de hidrógeno impidieron que el mundo pudiera disfrutar de un enclave paradisíaco y de uno de los mejores lugares del mundo para bucear, pues además de los residuos radioactivos EEUU destruyó 6 islas del atolón Bikini en 1954 tras detonar bombas de hidrógeno.

Por cierto, la ciudad de Bob Esponja no se llama “Fondo de Bikini” por casualidad.

Atolón Bikini

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