Soy malagueño y me encanta decirlo a cada sitio que voy. Me gusta sacar pecho de mi ciudad, de su clima, de nuestro acento, de la gastronomía, de su cada vez más atractiva oferta cultural y de los contrastes de sus paisajes. Me enorgullece que The Guardian, The New York Times o The Telegraph recomienden mi ciudad. Me gusta invitar a mi casa a casi todo aquel que conozco, y echo mucho de menos mi ciudad cuando estoy fuera.

Pero amigos, Málaga no es la mejor ciudad del mundo. Ni de lejos.

En los últimos meses he visto circular por mi muro de Facebook una infinidad de artículos en los que se asegura que “Málaga, entre las 10 mejores ciudades europeas para vivir”. ¿Cómo se elaboran estos ránkings y en base a qué criterios?

Lo de “Málaga está entre las mejores ciudades europeas para vivir” responde a un estudio de la Comisión Europea basado en la opinión de los ciudadanos europeos sobre la calidad de vida en sus propias ciudades. No ha venido ningún observador independiente a dictaminar qué ciudad es mejor -sería estúpido- ni se tienen en cuenta datos económicos sobre el sitio. Simplemente la opinión de sus residentes.

Que los vecinos de Málaga son de los más satisfechos con su ciudad no significa que esta sea por definición la mejor del mundo. Más aún cuando hablamos de una ciudad con una tasa de desempleo del 26,25% y del 46,48% en los menores de 25 años.

46,48 %, tío. Casi la mitad de los jóvenes de la ciudad sin currar.

Málaga es, además, una de las ciudades de España con una renta media de hogar más bajas de toda España, 19.420 euros, muy lejos de la de Madrid (28.172 euros) o Barcelona (más de 26.000).

La oferta cultural, aunque ha mejorado exponencialmente en el último lustro, está aún muy lejos de la que ofrecen capitales europeas.

El mismo barómetro de la Comisión Europea indicaba que el 63% de los malagueños no están satisfechos con la limpieza de la ciudad.

No hay ningún gran parque.

Las playas de la capital y de los pueblos de alrededor no son nada bonitas.

Pero bueno, no es cuestión de tirarnos piedras sobre nuestro propio tejado eternamente. El caso es que se empieza por “Málaga es la mejor ciudad del mundo”, se sigue por “como en mi casa en ningún sitio” -algo que paradójicamente suele decir gente que no va a ningún sitio- y se acaba diciendo “pa qué voy a viajar si tengo tó aquí”.

Y no, el mundo es muy grande y hay muchos sitios increíbles como para quedarte en Málaga toda tu vida. Si de verdad piensas que no te hace falta salir de Málaga porque aquí ya tienes playa, monte y ciudad, estás perdiendo la oportunidad de conocer a miles de personas de todo el mundo con enfoques curiosos sobre la vida, comidas exóticas con las que sorprenderte, ciudades en las que transportarte a otra época, conciertos que recordar toda tu vida o, tío, yo qué sé, ligar, comprarte ropa, hacerte fotos chulas para subir o emborracharte con licores muy frikis.

En definitiva, si eliges quedarte en casa te estás haciendo un cateto. Y lo que es peor, te catetizas porque así lo has querido. Hasta hace 20 años viajar era algo reservado a las élites. Hoy casi cualquiera puede cogerse un vuelo con Ryanair y plantarse un fin de semana en una capital europea. Otra cosa es que uno prefiera -con todo el derecho del mundo, que para eso es su dinero- gastarse ese presupuesto en salir de fiesta o en un coche nuevo.

Amigos, Málaga no es el mejor lugar del mundo, pero no pasa nada. Quizás sea hasta mejor así, porque si de verdad estuviéramos en el paraíso terrenal creeríamos que somos el ombligo del mundo y trataríamos a lo desconocido con desprecio -y lo haríamos con fundamento-. Además, no necesitamos ser “los mejores” para disfrutar de nuestra ciudad, ¿no?

 

 

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