Que Estados Unidos sea la potencia dominante en el mundo ha tenido indudables repercusiones culturales. El volumen principal de música y cine que consumimos nos llega de la industria estadounidense. Y como todo lo que sale a través de una pantalla, tendemos a idealizarlo.

Pasear por la Quinta Avenida, vivir en Beverly Hills en un chalé con vallas blancas, hablar en inglés diciendo “dude” y “bitch”, las Kardashian, comer hamburguesas, beber café del Starbucks y subirlo a Instagram desde un móvil Apple, ponerte en forma en el paseo marítimo de Miami, Beyoncé, beber en vasos rojos, estudiar en un campus universitario como los de American Pie, veranear en Los Hamptons…Estados Unidos es el modelo a seguir de mi generación.

Después del resultado de las elecciones de ayer veo un sentimiento de indignación, pero también de sorpresa. ¿Cómo? ¿El mejor país del mundo eligiendo a un payaso racista? ¡¡Pero si Beyoncé cantaba para Hillary!! ¡¡Si todas las páginas estadounidenses que sigo hicieron campaña en su contra!! ¿Cómo coño ha pasado eso?

Lo cierto es, amigos, que Estados Unidos no es ni Nueva York, ni Beverly Hills, ni lo que nos han vendido en las películas. Es un inmenso (y diverso) país de 300 millones de personas de las cuales 7 de cada 10 no tiene pasaporte. Donde más o menos la mitad de la población apoyaría la prohibición de entrar al país a todos los musulmanes. Donde, pese a que la política de armas ha matado mucho más que el terrorismo, se aboga por crear leyes que permitan llevar armas a la universidad.  Donde se empapan promoviendo el “sueño americano” pero las estadísticas muestran que la movilidad social es menor que en España.  Donde si no tienes lo suficiente para pagarte tus estudios, estás fuera. Donde si no tienes un buen trabajo que te garantice cobertura médica plena, nadie puede asegurarte de que te vayan a atender en caso de enfermedad.

Estados Unidos es un país encantado de haberse conocido, que disfruta mirándose el ombligo y que percibe lo extranjero como extraño y peligroso. El problema no es Trump (racistas hay en cada pueblo), sino que 59 millones de personas le hayan votado y por tanto secunden sus planteamientos. Trump no es un personaje malvado que ha dado un golpe de Estado para imponer leyes protofascistas, es la representación política de una sociedad empachada de decir que es el mejor país del mundo y que se dejó a medio camino la igualdad social.

Esa es la parte que no nos contaron en las películas.

 

 

 

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