Actitudes que me ayudaron a ser feliz

Tenía (y tengo) una familia que me quiere, que siempre apostó por mí, que me pone en un pedestal cuando lo necesito y me baja a la tierra cuando desvarío. Tenía (y tengo) amigos y amigas a los que mi vida les importa, con los que puedo desahogarme, reír, beber o viajar. Amigos que son familia y familiares que son amigos.

Tengo un trabajo en lo que he estudiado -y mira que me decían que el Periodismo no tenía salidas- que me permite conocer a gente increíble, vivir momentos históricos en primera persona, y que, de vez en cuando, que lo que hago sea reconocido por los demás. Tengo un sueldo que me da para no tener que pedir dinero a mis padres para nada y para viajar a casi todos los sitios a los que he soñado ir. 22 años, cargado de vida y con un montón de anécdotas por vivir.

Lo tenía todo y, sin embargo, estaba jodidamente triste.

Cansado de estar autocompadeciéndome, un día me propuse cambiar mi forma de ver el mundo. Durante los últimos 3 meses he ido apuntando consejos que he escuchado o leído y los he llevado a mi terreno según mis sentimientos -están escritos en segunda persona por eso y no porque quiera dar lecciones a nadie-.

De ahí empecé a escribir, por muy ridículo que suene, una lista de actitudes que me daban felicidad. Hoy, unos 3 meses después de haber tocado fondo, parece mentira que esté viendo el mundo desde un punto de vista tan distinto y tan positivo gracias a hacer caso a lo que yo mismo iba descubriendo.

Quería compartir mi lista con vosotros por si a alguien le puede ser de ayuda.

Nada de ojo por ojo

Si el mundo funcionara a partir de esa tóxica regla de “ojo por ojo y diente por diente”, estaríamos todos tuertos y desdentados. Las cosas hay que hacerlas de forma desinteresada, sin buscar el afecto de otro para que más tarde puedas beneficiarte tú de esa persona.

Pregúntale a tus amigos cómo están, aunque ellos lleven sin hablarte meses. Háblale a esa persona que te gusta y no pierdas el tiempo haciéndote de rogar. Sea a una ronda de cañas o a una cena, invita a lo que puedas. Haz regalos. Ayuda en trabajos y exámenes siempre que te lo pidan. Si algún día te devuelven los favores, genial. Si no, no pasa nada, no te decepciones. Si NUNCA hacen nada por ti, pues aléjate de esas personas y punto.

Habla siempre bien de la gente, o no hables

Alguien que critica mucho a los demás a sus espaldas no es de fiar, porque probablemente haga lo mismo de ti cuando no estés. Cuando escuchas a una persona hablar maravillas de otra, siempre te llevas una buena imagen de ambos. Así que hazlo a menudo. Piropea a tus amigos y familiares a sus espaldas.

Pero no seas hipócrita. Si alguien no te cae bien, no tienes que fingir. Simplemente no hables de él a no ser que sea con alguien muy cercano a ti.

No tengas odio

El odio es un sentimiento que en el fondo solo hace daño a una persona: tú mismo. La persona a la que odias no va a tener mejor ni peor suerte por tus malos sentimientos. Es más recomendable sentir indiferencia o pena.

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Pide perdón, pero en su justa medida

Reconocer los errores te hace ser mejor persona y alguien con el que es más fácil convivir. Pero te consume vivir constantemente arrepentido de lo que hiciste y preguntarte qué pudo ser si hubieras actuado distinto.

Una vez leí un mensaje en una sudadera de Vetements -nunca creí que una sudadera podría enseñarme tanto sobre la vida- que decía “May The Bridges I Burn Light The Way”, o “Que los puentes que queme iluminen el camino”. Supongo que habrá muchas interpretaciones, pero yo me lo tomo como que tus errores y las relaciones que has roto solo tienen que servirte para ver la realidad de forma más clara.Imagen relacionada

V I A J A

Vivimos en quizás la mejor época de la historia para ver mundo. Ahora está al alcance de casi todos irte, aunque sea un fin de semana, a algún lugar de Europa. Hay que aprovecharlo y salir de casa para conocer sitios, comidas y gente, pero sobre todo para eliminar estereotipos.

Es viajando cuando aprendes que lo que te une con gente de otros países, religiones o culturas es mucho más fuerte de lo que te diferencia, una conclusión clave para adquirir la cualidad que más echo de menos entre nosotros: la empatía.

Nada de excusas

¿No te ha pasado que cuando ganas y escuchas a tu contrincante excusarse piensas en que está siendo jodidamente ridículo?

No te quejes eternamente

Si alguien consigue el trabajo al que tú también optaste, piensa que hizo algo que tú no. Criticar es necesario para sacar a relucir los defectos del sistema, claro, pero lamentarte constantemente por la falta de oportunidades o los salarios bajos no va a cambiar nada. Quizás invertir ese tiempo en trabajar o buscar trabajo sea más útil.

No conozco la realidad en otros campos, pero en lo que respecta al mío -la comunicación- creo que vivimos en una verdadera edad de oro. En 20 minutos puedo crear un blog, y en otros 30 un post que si es lo suficientemente bueno puede llegar a millones de personas de todo el mundo. No necesitamos a grandes compañías para hacer llegar contenido a la gente.

Mira el caso de Lory Money: llegó sin dinero, sin conocer el idioma y sin tener a nadie que pudiera o darle trabajo o recomendarle a una empresa. A través de internet dio a conocer su ingenio y humor y ahora vive de eso.

O recuerda lo que te dijo el dueño de la tienda de abajo de tu casa, un refugiado político iraní que llegó a Bélgica sin papeles y sin francés.  A base de trabajo y trabajo, salió adelante y montó un negocio que le permite vivir.

Si el dueño de la tienda y Lory Money pudieron, tú también.

 

Tampoco te quejes de todo lo que trabajas

Un colega me dijo una vez que las personas verdaderamente trabajadoras hablan poco y curran mucho. Sin embargo, hay muchos pamplinas que no hacen ni el huevo a los que le gusta colgarse medallitas de “vengo de un país currante, no como tú, español/andaluz fiestero”.

La gente valorará tu trabajo sin necesidad de que pregones todo lo que curras.

No tengas envidia

La envidia es ese sentimiento que nos encanta detectar en los demás pero evitamos reconocer que también tenemos en nuestro interior. Lo cierto es que vivimos en un país envidioso por naturaleza, en el que fácilmente tachamos de “suerte” o decimos “yo podría hacerlo si me lo hubiera propuesto” cuando vemos que a otro le van bien las cosas.

Tío, la vida no es una competición. No pases mucho tiempo examinando la vida de los demás y comparándote. Céntrate en hacer las cosas que te gusten y no pierdas tiempo en intentar destacar sobre los demás.

No te creas mejor que nadie

Seguramente no lo seas y todo se deba a un complejo de superioridad que, irónicamente, aparece para tapar problemas de autoestima.

Y si de verdad eres mejor que otras personas en términos profesionales o tu vida te va jodidamente bien, no alardees. Primero, porque los arrogantes no caen bien. Segundo, porque esta vida da muchas vueltas y en ocasiones es muy injusta, y por mucho que tú trabajes y el otro no, en menos de lo que crees esa persona puede haber “triunfado” y tú puedes estar en la nada y comiéndote tus palabras.

Un concepto, “triunfar”, que me lleva al siguiente punto…

Trabaja para ser exitoso, no para aparentarlo

La sociedad nos ha inculcado que el éxito se resume en ganar mucho dinero, ser famoso, tener un alto cargo…parafernalia, después de todo. Nos inculcan una ambición desmedida que luego provoca sentimientos de fracaso y decepción.

No todos llegaremos a ser ministros, a que la gente nos pare por la calle o a ganar 10.000 euros al mes. Y no pasa absolutamente nada. El éxito es ser feliz, y eso se consigue con un trabajo que te llene y al convivir con personas que te aporten y que se preocupen por ti.

No pases demasiado tiempo en las redes sociales

Cuanto más aprendo sobre cómo funcionan realmente Facebook, Instagram o Google, más me gustaría salir de esta atmósfera. Con el pretexto de hacernos la vida más fácil -que es verdad- o “personalizar tu experiencia”, las redes nos están espiando hasta un punto que ni la CIA ni la KGB. Y a todos nos gusta guardar secretos.

Más allá de eso, el modelo de éxito que las redes nos han vendido -o hemos creado, mejor dicho- es jodidamente ridículo y vacío. Nos pasamos el día mendigando un reconocimiento social con el que llenar nuestro vasito de ego. Ya no valoramos nuestras creaciones, nuestro trabajo, nuestro estilo o nuestra vida según el grado de satisfacción que nos produzca a nosotros mismos, sino en función de la repercusión que haya generado. ¿De qué sirve que a mí me guste mi texto, mi foto o mi camisa si no tiene los likes suficientes?

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No fumes tabaco

Tiene todo lo peor que puede tener una droga (adicción, toxicidad, gasto de dinero…) y ni siquiera te coloca. A la semana de dejar de fumar te sientes mejor. Al mes, te juro que notas que tu cuerpo está mucho más limpio. Hueles mejor, tienes mejor forma física…y te ahorras una pasta.

Que tu ocio o tu descanso no dependa ni del alcohol, ni de los porros, ni de otras drogas.

No seré yo quien condene nada. El alcohol, la marihuana y las drogas en general pueden aportarte experiencias únicas…hasta que necesitas estar ciego para pasártelo bien.

El hecho es que muchos de nosotros somos drogadictos por mucho que nos duela confesarlo. Ser drogadicto no es solo estar tirado en la calle mendigando dinero para heroína, también es tener que beber cada vez que sales porque es la única forma que tienes para deshinibirte. Y eso es muy triste.

Sé tolerante

Ser tolerante es muy fácil cuando hablamos de ideas parecidas, pero la cuestión está en aceptar actitudes opuestas a tus principios. Ser completamente tolerante es un verdadero desafío que requiere leer a diario artículos de ideologías opuestas a la tuya, saber escuchar, cuestionar todo lo que crees saber y sobre todo no tomarte las cosas de forma personal.

Lo que para ti es un 6 para otro es un 9 y ambos tenéis razón, es solo una cuestión de perspectivas. Darte cuenta de que la realidad no es únicamente tu realidad es el paso previo para ser una persona verdaderamente tolerante y para ver el mundo de forma libre.

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Olvida lo de las medias naranjas

Cuando la persona a la que quieres te deja se te viene el mundo abajo. Escuchas a los demás decirte que “hay muchas más” o “ya vendrán otras”, pero te consuela poco o nada, porque piensas que ESA era tu persona y se te ha escapado.

Afortunadamente, eso no es así. Ahí fuera hay miles, millones de personas que pueden hacerte muy feliz, más incluso que aquella persona que se fue. Que tú y cualquiera de esa gente os encontréis depende de una serie de factores espacio/tiempo que se escapan de tu alcance y que por tanto es inútil intentar forzar. Merece mucho más la pena invertir tu tiempo en buscar ser feliz con uno mismo y sin depender del afecto de otros.

Un amigo me dio una vez un consejo muy sabio: no busques una media naranja. Tienes que ser la naranja completa y buscar a alguien con quien hacer una ensalada.

No le des tantas vueltas a las cosas

Una vez leí que el mundo es demasiado absurdo para intentar ser tan profundo. Y es cierto. La vida se basa en una extraña serie de causas y consecuencias que si las analizas no tienen ningún sentido. Es inevitable -y habla bien de ti- que cuestiones aspectos de tu identidad, del porqué de las cosas, pero que las posibles explicaciones no te atormenten. Hay veces que es mejor no pensar y centrarte en disfrutar lo que te ha tocado.

Además, solemos darle vueltas a las cosas que realmente no son tan importantes y no somos conscientes que, en cuestión de segundos, tu vida puede cambiar por completo. Pasé por la estación de Maelbeek, en Bruselas, unos 2 minutos antes del metr que explotó el pasado 22 de marzo. Si me hubiera dado por peinarme o si el señor de la tienda en la que paré me hubiera vendido una de las tarjetas prepago que no le quedaban no estaba escribiendo esto.

Y piensas que, joder, nos tiramos todo el día agobiándonos sobre el futuro y no valoramos lo que nos rodea hasta que pasa y lo empezamos a echar de menos.

¡Vive, cabrón, vive!

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