Me da mucho coraje el término “millenial”. Parece que las generaciones adultas se han inventado una palabra que englobe todos esos matices entre la juventud que no pueden entender para, encima, decirnos cómo somos y cómo deberíamos ser.

Lo mismo me pasa con “trap”. Tras años desprestigiando las nuevas olas de hiphop que salían de España, los medios han visto cómo los jóvenes viraban hacia ese estilo y han intentado ponerse al día. ¿Cómo? Catalogando como “trap” a todo lo nuevo.

Lo decía C. Tangana, el máximo exponente del trap español según algunos, en el Primavera Sound: “el trap es una etiqueta periodística”.

Y estoy de acuerdo. Parece que hoy en día trap es cualquier persona que vista pantalones pitillo, gorra de padre y zapas Nike. Y ojalá toda esta burbuja fuera tan fácil de categorizar y explicar, pero no. No existe tal cosa como trap, menos aún en España.

El trap surgió hace unos 20 años en el sur de Estados Unidos. Demasiado alejados del G-Funk de la Costa Oeste y de las calles de Nueva York, los jóvenes de Atlanta crearon subestilos de hiphop inspirados en lo que veían antes que en lo que se escuchaba ahí fuera.

“Trap” significa trampa, y por tanto los “trappers” eran chavales que vendían drogas en las famosas “traphouse”. Así salieron líricas vagas y referencias constantes al trapicheo a 140 BPM, con sintetizadores melódicos y con fuertes drums producidos con la Roland TN-808 -de ahí viene el famoso “808s”-.

Lo empezaron a hacer gente como Goodie Mob, Cool Breeze o incluso Outkast, quienes en sus primeros álbumes ya usaban el término. En los 2000’s, otros raperos de Atlanta que pasaban drogas siguieron con esa línea de pocas rimas y mucha actitud. T.I., Rick Ross, Yo Gotti y sobre todo Gucci Mane, cuya forma de rapear es la base de muchas de las estrellas de hoy.

El subgénero seguía siendo minoritario hasta que en 2010 varias producciones de Lex Luger basadas en lo que se consideraba como “trap” empezaron a aparecer en listas de éxitos, como “B.M.F.” de Rick Ross o “HAM” de Kanye West y JAY Z. 

El éxito de lo que estaba haciendo Luger abrió las puertas a nombres que seguro que te suenan, como 808 Mafia, Southside o Metro Boomin, y llevó a la esfera mainstream a raperos jóvenes de Atlanta, como Chief Keef, Future o Young Thug.

De esos tres raperos nació la influencia principal de lo que hace el único grupo verdaderamente trap de España, Pxxr Gvng. Hablar de drogas y vida de barrio sin preocuparse mucho por rimar, prestar mucha atención a la moda y apostar por beats que tiran más a la electrónica que a otros géneros de los que bebía el rap.

Y tal y como advierte Yung Beef en “2k14dpg”, muchos raperos -Cecilio G, Pimp Flaco- se han inspirado en su estética y la han hecho suya.

Pero en España no hay un fenómeno trap. Hay un fenómeno de jóvenes que no escuchan la radio y que hacen música que se publica en los canales donde están los otros jóvenes que transmite las vibraciones con las que más se sienten (nos sentimos identificado)

BEJO hace un rap muy original, pero inspirado en lo que se hacía en los 90’s en España. C.Tangana se ha basado en sonidos clásicos de la música latina -que no el reggaeton- en su hit “Mala Mujer”. Dellafuente mezcla rap y flamenco. Pimp Flaco se ha pasado a un rap romántico Bad Gyal hace dancehall a la española.

Agrupar esta variedad de estilos en “trap” es, además de pobre, inútil, porque no va a hacer comprender mejor a nadie lo que de verdad está pasando en la escena.

En todo caso algunos crearán su propia versión de lo que creen que se está cociendo y se esforzarán antes por demostrar que están en la onda antes que en entender en qué consiste todo esto.

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