La apropiación cultural es una gilipollez

Hace unas semanas estaba tomándome algo con mis colegas cuando salió el tema de la apropiación cultural. Al parecer, una amiga se había hecho trenzas y más de uno la había criticado por “apropiarse de otra cultura”.

Me quedé tan estupefacto que decidí leer sobre el fenómeno. Descubrí que la apropiación cultural es, básicamente, tomar como tuyos elementos originarios de otro lugar de forma poco reflexiva.

Entre el idolatrado intercambio cultural o multiculturalismo y la apropiación cultural -un término peyorativo- dista solo que en el segundo de los casos los elementos que se adoptan se hacen de forma precipitada, mirando solo lo estético y obviando su significado histórico.

En consecuencia, se fomentan los estereotipos y se descontextualizan prendas, objetos o formas de vida que, mientras para unos son de una importancia histórica vital, para otros es poco más que una moda.

Lo cual, hablando en plata, está feo. No das muy buena imagen si te tatúas una figura tribal maorí sin saber qué significa. Vestirte de geisha y pensar que vas de china -y no de japonesa- diría mucho de tu conocimiento cultural. Hacerte tatuajes de henna y luego decir “putos moros” es hipócrita cuanto menos.

Pero quejarte porque alguien no negro se haga rastas, porque una chica pija se ponga una pluma cherokee en Coachella, porque se den clases de Yoga o porque yo tenga una camiseta con un mensaje en ruso es simplemente absurdo, y responde a la adicción a la indignación que tiene la sociedad de nuestro tiempo.

Para empezar es un concepto supremacista, porque se da por sentado que la cultura “blanca” es la dominante y, por tanto, la única que puede apropiarse de otras.

Nadie ha utilizado la expresión “apropiación cultural” para definir el hecho de que A$AP Rocky vista camisetas de heavymetal, que un niño africano lleve una camiseta de fútbol o que un asiático se haga un tupé.

Tampoco cuando gente de otras razas celebra San Patricio o se pone un traje de flamenca. Mucho menos cuando se han usado en la moda una infinidad de símbolos cristianos que, creas más o menos en ellos, tienen un significado histórico muy importante para mucha gente.

¿Por qué? Por un lado, porque afortunadamente las culturas son cambiantes, adoptivas y solo crecen cuando se mezclan. Por otro, porque hemos aceptado que la moda es transgresora y tiene la capacidad de crear nuevas simbologías a partir de otras ya existentes.

Si tenemos esos conceptos interiorizados, ¿a qué viene todo esto de la indignación por la apropiación cultural? Pensar que solos los miembros de una comunidad pueden compartir los aspectos de la cultura es racista, porque pones fronteras a tus valores y te sientes en la posición de demonizar a quien intenta unirse a ellos.

Es triste que tus valores se conviertan en el negocio de terceros. CLARO. Pero esto no es nuevo. Desde hace ya varias décadas la moda ha utilizado inspiraciones procedentes de todo tipo de culturas y creencias para, oh vaya qué sorpresa, vender mucho y ganar pasta. Lo hacen con las rastas, las camisetas en ruso, los estampados aztecas, los mensajes feministas y hasta con la cara del Ché Guevara.

No culpes a la cultura de las consecuencias del neoliberalismo salvaje.

La línea entre homenajear y fusilarte los valores de una comunidad la marca el grado de conocimiento de la cultura que te influye. Hasta ahí bien. Pero incluso en las situaciones donde esa línea es fina, debería primar el multiculturalismo y no el cerrarse en banda en torno a una identidad coletiva que haces como tuya y de nadie más.

¿Te imaginas echarle la bronca a Paco el del bar de abajo por servir pizzas? ¿O a tu madre por comprar pollo tikka masala en el Mercadona? ¿O darle a un sermón al camarero de una discoteca por servir whiskey escocés?

¿No tendría mucho sentido, verdad? Pues esos platos y bebidas tienen un significado histórico esencial en sus países de origen y, sin embargo, nadie se queja cuando son servidos por personas u organizaciones de otra cultura.

Si en el mundo gastronómico damos por sentado que los platos están en continuo cambio y enriquecimiento al mezclarse en otras culturas, no nos debe costar mucho trabajo asimilar que en la moda es igual.

Quizás lo que pasa es que estamos adictos a indignarnos y, si no tenemos algo de lo que quejarnos, nos lo inventamos o damos cuerda a cualquier movimiento que te de el poder de decirle a los demás que están equivocados.

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