Felices sobre todas las cosas

Me acabo de meter en Instagram. Seguramente será la décima vez que lo haya hecho en lo que llevo de día. He mirado si mi historia la había visto quien me interesaba, he mirado otras pocas de stories y he cotilleado qué se cuenta la gente que sigo.

He visto a algunos poner “cumpliendo sueños” o “si trabajas en lo que te gusta, no estás trabajando” -las palabras exactas eran mucho más inspiradoras- mientras preparaban una cachimba o servían copas. He seguido y he topado con otra que decía que “viajar es la única cosa que compras y te hace más rico/ viajar te abre la mente” mientras posaba en una playa…en Chiclana.

No quiero sonar prepotente. Quizás soñaban desde pequeños con dedicarse a la hostelería. Y olé sus huevos. Son iguales de necesarios (o más) que un director creativo o un periodista. También puede ser que a algunos les baste con ir a las playas de Cádiz para tener una experiencia cultural que les enriquezca y les haga aprender de las formas de vida en otro lugar.

Pero no sé, no lo termino de ver. Me convence más la idea de que todos queremos un trozo de la tarta de la atención sobre la que giran nuestras vidas. Demostrar sobre todas las cosas. Viajar -de verdad-, descubrir otras culturas, ver monumentos históricos y conocer a gente de otros lugares es secundario. Lo primordial es decirles a la gente que estás viajando. Haciendo algo fuera de lo común.

No ayudes, esfuérzate en que los demás vean que estás ayudando. No intentes tener una relación sana, vende que eres la versión 2.0 de Alexis Ren y Jay Alvarrez. No viajes, dales lecciones a los demás sobre la importancia de salir fuera. No leas, comparte una foto de una página con un mensaje atractivo. No luches por tener un trabajo en el que desarrollar todo tu potencial, convence al resto de que ya lo tienes.

Tampoco creo que nos estemos esforzando mucho por cumplir nuestros sueños. Hoy se ha hecho público que el 35% de los jóvenes españoles no tiene ni Bachillerato.  Claro que no todos los sueños pasan por las aulas. Pero por algún lugar sí que tienen que hacerlo, sean instalaciones deportivas, estudios musicales, talleres de mecánica o escuelas de diseño. Los datos no mienten y dicen que 1 de cada 5 jóvenes ni estudia ni trabaja. 

Una de dos: o hemos perdido el norte y nos hemos convencido de que nuestras vidas son como nos gustaría que fueran, o estamos vendiendo una vida que no vivimos para intentar equipararnos a toda esa gente que parece que sí vive como nos gustaría.

O estamos locos o frustrados. Y no sé qué es peor.

Una cosa antes de acabar: ayer vi una charla TED sobre un estudio que Harvard realizó sobre la felicidad. El secreto para tener una buena vida no tenía nada que ver con el poder adquisitivo, el falso reconocimiento de gente que no conoces o la cantidad de sellos que tienes en tu pasaporte.

Era, según los investigadores, la gente con la que compartes tu tiempo.

Dejo de escribir para refrescar mi muro.

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