Necesitamos más compenetración entre los raperos españoles

El hiphop ha confirmado en 2017 una tendencia que ya iba anticipándose desde hace algunos años: las colaboraciones como motor principal.

No solo en los clásicos “featuring”, cada vez más clave, sino en proyectos completos: 21 Savage, Offset y Metro Boomin‘ sacaron una mixtape conjunta, al igual que Future con Young Thug; Quavo y Travis Scott están a punto de lanzar su proyecto, al igual que Lil Yachty y Lil Pump parece que la tendencia que Kanye West y JAY Z popularizaron en 2011 con “Watch The Throne” viene para quedarse.

Y en el panorama europeo, muchos de los éxitos que han traspasado fronteras ha sido gracias a las colaboraciones. En Italia Dark Polo Gang, Sfera Ebbasta, Izi o Tedua aumentaron su popularidad gracias a hacer canciones en conjunto, al igual que el grime en Inglaterra dio un paso adelante gracias a las colaboraciones de Skepta con Giggs, Wiley o JME.

Una cosa está clara: juntos somos más fuertes. En todo en la vida, pero especialmente en la música. Sin embargo, la cultura de colaboraciones no ha llegado aún a España con la misma fuerza que en otros países. Las hay, y varias, pero no son tan habituales como en otros países.

Además, suelen ser entre artistas con mucho en común, nunca entre raperos de distintas generaciones o estilos. Rels B, Recycled J y Natos y Waor por un lado, Foyone y Ayax y Prok por otro…

Recycled J decía en una entrevista con Darba que “la competitividad es buena”. Y es que en cierto modo esto es como el fútbol: cuanto mejor sea tu contrincante, más alto va a ser el nivel que das. Pero con una diferencia sustancial, que en la música no hay ganadores y perdedores. 

El éxito de los demás es perfectamente compatible con el tuyo, incluso lo estimula. Por eso mismo, el hacer proyectos colaborativos es un “win-win” donde ambas partes ganan en popularidad y los seguidores en música fresca.

No sé -no soy rapero- por qué en España no ha calado tanto esta cultura. Quizás por temas de ego, de falta de comunicación o por burocracias entre sellos discográficos. Pero el rap español crece hoy más que nunca y tiene en 2018 la oportunidad de consolidarse como género urbano por excelencia y, quien sabe, quizás asentarse en la cultura pop del país.

Pero para ello necesita seguir siendo relevante, tanto a nivel mediático como sobretodo ante la audiencia. ¿Cómo? Con beefs intergeneracionales y personas que creen que solo lo que ellos hacen es lo “real”, seguro que no.

Con canciones que aporten cosas nuevas, quizás. Ya hemos visto el talento que tienen muchísimos raperos de España de distintas generaciones, pero ahora hay que dar un paso más para no caer en la indiferencia.

El hacer proyectos colaborativos o giras en conjunto es un buen método para seguir creciendo. No solo entre raperos, ni siquiera entre raperos de generaciones distintas, sino también con artistas de otros géneros. Mirad el éxito de “Antes de Morirme”. ¿Qué podría salir de colaboraciones habituales entre raperos y Bad Gyal, Beauty Brain, John Talabot, Alizzz o incluso Pablo Alborán o Demarco Flamenco?

El hiphop en España no puede permitirse desaprovechar la oportunidad que tiene de convertirse en el género más popular del país.

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